Extraños en un tiempo lejano, inseparables en otro no tanto.
Eres la maestra del desvanecimiento, trayendo tus sonrisas cuando vienes y haciendo que todo parezca en ruinas cuando te vas.
Tengo tu nombre tatuado en mi pecho, allá donde no se ve a simple vista.
Te pienso en cada canción que escucho, te escucho en cada pensamiento.
Te huelo en cada cigarro que se consume, buscando ser algo algo más que simple ceniza.
Y si diez años de desastres me preocupan menos que tú en un solo instante.
Pues quererte siempre ha sido fácil, pero olvidarte me fue imposible.
Tú eres mi estación favotita del año.
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